T1 E4. Forzar un encuentro

No tienes una segunda oportunidad para causar una primera buena impresión.

Cualquier libro de ventas

La cita no es nueva, seguro que Aristóteles escribió ya sobre ese tema. Así que haciendo caso a cualquier libro de ventas abierto por su capítulo introductorio, hace unos días pasé la mañana en el Westfield Connecticut Post, uno de los centros comerciales con más glamour de toda Nueva Inglaterra. Necesitaba renovar parte de mi vestuario y, sin saber muy bien como, salí de allí con pantalones y camisas dos tallas menos a lo que realmente necesito. Podría decir que fue algo premeditado, pero faltaría a la verdad. Sencillamente todo lo que me gustaba o no era de mi talla o era demasiado caro para un vendedor de Indiana. Quedan pocos días para finiquitar las rebajas y solo queda lo que nadie quiere, lo que a casi nadie vale o lo que pocos están dispuestos a pagar. Yo me decidí por lo segundo, “lo que a pocos vale” (incluyéndome a mí).

Me entra pero no me cierra. Ni los pantalones, ni las camisas.

Digamos que ahora debo “forzar un encuentro” entre mi viejo cuerpo y mi nueva ropa.

Desde entonces vengo hablando solo:

“Eh, tío ¿te has gastado un buen puñado de dólares en ropa que no te vale? ¿Qué vas a hacer al respecto? ¿Te acuerdas de la media maratón de Wilmington? ¿Menos compras de queso en la tienda de comestibles de Joe Pace y más verduritas?”

Y está causando efecto.

Mi amigo Joe Pace cortándole queso al señor Gennaro

Mis minutos de carrera continua han aumentado y he ajustado mi dieta. De momento he conseguido embutirme las camisas; los pantalones ya son otra cosa. Cada mañana me los pruebo, fijo en mi cabeza esa triste imagen y sigo adelante con mi día (y con la imagen), lo que me ayuda a no frecuentar el famoso puesto de perritos calientes que Tommy Santoro regenta en la esquina de la calle Summer con Devonshire.

En mi primer post ya contaba que tengo dos objetivos para este año: doblar mi objetivo de ventas y acabar la media maratón de Wilmington en diciembre (21 kilómetros).

¿Qué cómo me estoy entrenando?

Bueno, pues con el walkman y poco más, la verdad. No tengo ni idea de running así que lo único que hago es tratar de correr un poco más cada día en tiempo y distancia, lo que a día de hoy se traduce en 6.56 km y 45:19 min. La idea es ir batiendo mi marca, al menos, un día por semana hasta llegar a los 21 km en menos de 2 horas. ¿Cuándo sucederá eso? La idea es alcanzarlo en octubre y repetirlo una vez cada quince días hasta el día de la competición pero a este ritmo es posible que lo logre antes de lo esperado.

Bill Rodgers, en una foto que tomé en la Maratón de Boston el año pasado.

En nada me presento en la oficina con pantalones nuevos y tipazo. Palabrita.

Hablando de oficina… ¡Esta mañana una de las empresas a las que envié las cartas se ha puesto en contacto conmigo para pedirme una reunión! (El Boston Globe, para más señas 🙂 Sólo por esta llamada del Globe ya han merecido la pena todas aquellas horas que me pasé ensobrando.

He quedado en verme con un tal William O. Taylor II la semana que viene en sus oficinas de Exchange Place, muy cerca de las calles Milk y Water (tenía que decirlo). No estoy muy seguro pero es posible que quiera gestionar el cambio de TODOS los seguros del periódico con nosotros :),

>> AKA $ 30,000 de los $173,482 que tengo como objetivo de ventas Mass Mutual o de los $346,964 que tengo como objetivo Warren Wallace.

Un pequeño paso para cumplir mis objetivos, pero un gran paso para mi moral.

Lo reconozco, ArmstrongCollins y Aldrin han marcado a nuestra generación.

Mientras llega el día de verme con el tal William O. Taylor II (qué manía tan mala tenemos los americanos con ponernos lo de II, III o Jr después de nuestro nombre) sigo con mis mañanas locas de prospección. Llamada tras llamada. No tras no, tras no, tras no, tras no, tras no hasta que aparece un sí que no hubiera o hubiese aparecido sin la ristra de noes anteriores. Dándole a la manivela, vamos.

Y entre una cosa y otra, lo de hacer networking en el Boston Garden se pospone de manera indefinida.

Principalmente porque no tengo los eggs de presentarme ante mi queridísima Rachel para contarle la 3/4 partes de milonga, 1/4 parte de verdad de esa necesidad profesional mía de abonarme al Garden para conocer a hombres de negocios que compren mis seguros.

-Sí, amor, como te iba comentando antes de que me dijeras que si me creo que eres gilipollas, esos negocios cierren la ecuación con una suma de comisiones lo suficientemente importante como para pagarle el abono al señor Auerbach y, además, nos generarán un extra para nuestro viaje familiar en autocaravana por la costa Oeste.

El difunto Warren Wallace
Red Auerbach, presidente de los Celtics, haciendo networking en el Garden con Ted Kennedy

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