T1 E7 Confinamiento

El 6 de agosto de 1972 la planta nuclear de Pilgrim, en Plymouth, obtuvo su licencia de actividad para producir energía nuclear a tan solo 38 millas al sureste de Boston.

Un entrañable vecino con el que convivir.

En su defensa diremos que se trata de la segunda planta nuclear más pequeña a lo largo y ancho de todos los Estados Unidos y que genera decenas de puestos de trabajo directos (la mayoría a exmilitares muy bien pagados) y cientos de indirectos.

Y hasta aquí los datos positivos porque si algo genera una central nuclear es temor. Temor ante un poco probable pero posible accidente. Tan posible como que 9 años después de su inauguración exploten en cadena tres de sus seis reactores y el nuevo presidente Reagan mantenga confinada en casa a toda la población de los estados de Massachusetts, Rhode Island, Connecticut, Vermont, New Hampshire, Nueva York, Pensilvania y Nueva Jersey.

Ni trabajo, ni colegios, ni salir a comprar ni nada de nada. En su misión de preservar la paz, la seguridad y la defensa de los Estados Unidos, el ejército ha tomado el mando en todas sus versiones: Ejército, Cuerpo de Marines, Armada, Fuerza Aérea, Fuerza Espacial, y Guardia Costera.

A tomar por culo.

El nuevo presidente Reagan dirigiéndose a la nación

Según cuenta en bucle la NBC, tras la explosión se liberaron materiales radiactivos que pueden llegar a los pulmones de la población con el mero hecho de respirar. No saben hasta que punto. No saben hasta cuando. No saben, no saben, no saben.

No podemos salir de casa hasta nueva orden excepto para abrir la puerta y recoger un pack de alimentos y medicinas que el ejército se está encargando de entregar casa por casa

Desde el futuro me llegan voces preguntando si podemos sacar a pasear al perro. No, tampoco. Y no entiendo la pregunta, la verdad.

Además, como es posible que los materiales radiactivos hayan contaminado las reservas de alimentos de toda la costa Noreste del país, lo más cercano a casa que estamos comiendo son mazorcas recolectadas en los extensos campos de maíz del sur de Ohio. Prohibido cualquier alimento de los estados colindantes a la central.

Ya no es temor, es miedo.

Más de 4.000 personas han fallecido por problemas respiratorios desde el día de la explosión. El número de ingresados en los diversos hospitales, hoteles y fraternidades medicalizadas asciende a 45.572, uno de los cuales es Bill Fitch, entrenador de los Boston Celtics, equipo que, obviamente, ni está jugando ni se le espera.

Ni a ellos ni al resto, claro. Larry O’Brien, comisionado de la NBA, ha decidido paralizar la competición hasta que todo se solucione y es que además del equipo de Boston, los Knicks de Nueva York, los Nets de Nueva Jersey, Philadelphia 76ers y Washington Bullets tienen prohibido pisar la calle.

Es lo de menos, pero menos mal que al final no me dejé los dólares en aquél pase de temporada para hacer networking en el Boston Garden.

La parte del país que puede salir a la calle se manifiesta para cerrar las nucleares.

Cada día que pasa decimos eso de un día menos, pero parece que va para largo. Así llevamos dos semanas y Reagan ha anunciado otras dos de confinamiento (como mínimo)

Fue visitar Walden y empezar a sentirme como Thoreau, en casa y aislado del mundo exterior. Buen momento este para parar y coger aire (aire precisamente, what a metáfora !). Como salir a comprar algo para leer es imposible, estoy desempolvando libros antiguos que jamás pensé en leer. Para complementar a Thoreau he localizado algunos ejemplares de Leo Tolstoi y Jack London. Tras visitar Walden he aparcado a los megaclásicos de las ventas para llevar mi mente justamente a lo que ahora mismo no tengo acceso, la naturaleza salvaje.

Con tanto día por delante lo de la lectura ocupa solo una minúscula parte de mi actividad diaria. Otra de las cosas en las que estoy haciendo hincapié es en mejorar mi arte con una guitarra española que me regaló “El cuerdas” tras uno de los viajes a su España natal.

Manuel o “El cuerdas”, al que llamamos así por el dominio que tiene el tío con la guitarra española, es un compañero de ventas de la central, en Springfield. Entramos en la empresa a la par, de hecho hicimos juntos el mes de formación interna obligatoria previa a la firma del contrato. Yo le ayudaba con su inglés y él a mí con el poco español que pude retener del Instituto. Durante aquél mes juntos no paraba de hablarme las maravillas de un tal “Camarón”. “Ese sí que es un monstruo y no el Bob Dylan”, decía ! Nos hicimos buenos amigos y un año, por su cumpleaños, le regalé una caña de pescar… él al volver de España se presentó con una guitarra para mí. Un gran tipo, Manuel.

“El Cuerdas” el día que me trajo a casa la guitarra.

Y nada de trabajo, claro. Solo me he permitido una licencia, llamar al Sr Taylor, del Globe, para mantener caliente la negociación que tenemos abierta. Hablamos, me tranquilizó y quedamos en hablar de nuevo cuando todo esto se solucione. Él, como otros tantos millones de americanos en la costa Este, está en casa esperando que todo esto pase y retomemos nuestras rutinas.

En el trabajo nos han dicho que no nos preocupemos, que por suerte trabajamos en Mass Mutual -guiño, guiño- y no hay seguro que no tengamos. Uno que prevé situaciones de este tipo nos permite seguir estando en casa cobrando nuestros salarios (que no nuestras comisiones)

Lo de doblar objetivos se complica. O no… Quizá esto ayude a que los indecisos vean ahora más necesario que nunca hacerse con alguno de nuestros seguros.

De hecho no paro de darle vueltas a eso

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